Cuando nos aproximamos al tema de la sostenibilidad, tenemos como referentes las grandes acciones globales que se comunican en foros internacionales, y que nos marcan líneas estratégicas hacia a la economía verde.
Pero si nos detenemos a pensar y reflexionamos, cada día nosotros
también tenemos un papel en este compromiso con el desarrollo
sostenible.
En este sentido, hace unos días leía
una noticia referente a la importancia del reciclado de envases. La
lectura del artículo de prensa me llevo a aproximarme al reciclaje de un
envase que en ese momento tenía cercano: un brik. Conocer su
composición, su reciclado, su balance de CO2 y, por lo tanto, su repercusión sobre el cambio climático.
Los briks hace
décadas que forman parte de nuestra vida cotidiana: pues contienen
zumos, leche, sopas, etc., alimentos y bebidas que consumimos con
frecuencia. En el destino de este envase tras su uso, nosotros también
podemos influir, contribuyendo a que estos envases se conviertan en
basura o formen parte de un nuevo proceso para fabricar papel, cajas, e
incluso muebles, pues sus materiales son de calidad y pueden nuevamente
incorporarse al ciclo productivo y evitar residuos y contaminación. Decidí dedicar unos pocos minutos ante un simple brik, informarme y, brevemente, recogerlo en unas notas sobre su ciclo de vida.
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